David Murillo

El 11 de noviembre de 1996 puede no significar nada en la vida de muchos, sin embargo, es una fecha digna de ser escrita en letras de oro y acuñada con los diamantes más brillantes, en esta fecha un chico de unos 17 añitos se enfunda con la azul y oro, la más grande de América, la del Boca Juniors un tal Juan Román Riquelme.

Nace como un total desconocido para la afición, pero no para aquellos eruditos del futbol como Carlos Salvador Bilardo, que lo habría visto en el Argentinos Juniors y se lo recomendaría al Virrey para su club.

La figura de Juan Román nace como un aire de frescura en una época convulsa del Boca, donde no lograban afianzar un estandarte, las figuras por las que se pagaba millones no lograban cuajar grandes números y la afición los rechazaba, entonces en una arriesgada decisión; sale aquel pibe, que con frialdad y no de aquella de no conectarse con el partido, sino con la frialdad digna de un crack, que tiene la capacidad de pensar todos sus movimientos y posibilidades antes de soltar el balón.

Un jugador diferente para el tipo de crack al que estaba acostumbrado el fútbol argentino, no era llamativo, no era corpulento, no tenía un despliegue físico llamativo, pero era certero y mágico con el balón en los pies. La conexión con la grada fue inmediata Román les dio la alegría y el talento y la afición su amor y admiración.

Sin embargo, su mejor momento no llegaría hasta el año 2000 donde Juan Román deslumbraria al mundo entero dándole un paseo al mismísimo Real Madrid y es que ¿Hay un escenario mejor que ganarle una final y pasear al Real Madrid? Tenés que deslumbrar frente al más grande para que el mundo te respete y para Román eso no era problema, Makelele no lo pudo detener y así como lo narraron en la transmisión en vivo de aquel día era «show time fútbol». ¡Madre mía Román! dicen que aquellos que lo vieron aquel día y quedaron eclipsados, tanto fue así que el Barcelona decidió hacerse de sus servicios y sumarlo a sus filas.

Irreverente, es quizás la palabra que me gusta más para describir al Topo Giggio, sin embargo, Louis Van Gaal y yo no coincidimos en nuestras ideas de juego, ya que al ser contratado por el Barcelona Louis no sintió que Román fuera su tipo de jugador ya que le pedía labores defensivas a Riquelme ¿Como le pedís defender a Román? Lo hacía pararse en un planteamiento de juego demasiado estricto y no podía desarrollar su juego. Muchos dijeron que Román no se adapto al Barcelona, pero es que cuando tenes un crack del nivel de Juan Román es el equipo quien se adapta a él.

Vencido y dolido con su aventura europea, fue vendido al Villareal, donde Riquelme pudo ser Riquelme, hacia lo que quería, invento un equipo y es que estas historias del equipo chico que destaca me enamoran y es acá donde vive sus mejores días en el viejo continente, pasó de ser considerado desordenado o con falta de compromiso defensivo como decía Louis Van Gaal a ser considerado uno de los mejores del mundo. Recomendación personal: anda a YouTube y busca Villareal vs Inter Milán y uuuuupapa eso es un baile, la brujita todavía lo busca.

Y así como los grandes El Último Diez decide volver a su lugar en el mundo y no para retirarse, Juan Román sólo sabía hacer las cosas en grande y regresa al Boca, para ser campeón, para romperla, para ser emblema y para terminar de ser ídolo, la vida lo llevaría a lo más alto con el Boca y así como el océano el talento de Román no tenía fin y decide ir a su primer hogar y devolver lo aprendido y ganar con el Argentinos la segunda división y llevarlos a primera división.

Hablar de Riquelme, es hablar de fútbol champagne, hablar de fútbol exquisito, de magia, de irreverencia y es que los cracks son incontrolables son una especie de futbolista que no debes domar solo los tenes que dejar ser. «Gracias Riquelme por existir, gracias por ser del Boca».

Fotos: Cortesía

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